Me han contado sobre tres místicos hindúes. Nadie conoce sus nombres. Se los conocía sólo como Los Tres Santos Reidores, porque nunca hacían ninguna otra cosa, solamente reían.
Solían ir de una ciudad a otra, pararse en el mercado y largarse una buena carcajada visceral.
Estas tres personas eran realmente hermosas, riendo y con sus vientres agitándose. Era como un contagio, todo el mercado comenzaba a reír... Durante unos pocos segundos un nuevo mundo se abría.
Recopilación de cuentos y reflexiones para leer en formaciones, veladas y actividades del Grupo Scout Águila.
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4 may 2014
25 nov 2012
El postizo de cola de vaca
Cerca de la selva ecuatorial de Liberia, en una colina que domina el río Cavally, se hallaba la aldea de Kundi, cuyos campos de arroz y mandioca se extendían en todas direcciones. El ganado pastaba en las praderas próximas al río. El humo de las hogueras en las chozas circulares de arcilla serpenteaba entre las hojas de las palmeras, y de lejos, aquellas débiles columnas de humo parecían flotar, inmóviles, sobre el poblado. Los hombres y los niños pescaban en el río con redes, mientras las mujeres machacaban el grano en morteros de madera frente a las chozas.
En aquella aldea vivía un cazador llamado Ogaloussa con su esposa y muchos hijos. Una mañana, Ogaloussa descolgó su arma y fue al bosque a cazar. Su mujer y los niños salieron a cuidar de los campos y a conducir el ganado hasta el prado. Transcurrió la jornada, y cenaron pescado y mandioca. Llegó la noche, pero Ogaloussa aún no había regresado.
En aquella aldea vivía un cazador llamado Ogaloussa con su esposa y muchos hijos. Una mañana, Ogaloussa descolgó su arma y fue al bosque a cazar. Su mujer y los niños salieron a cuidar de los campos y a conducir el ganado hasta el prado. Transcurrió la jornada, y cenaron pescado y mandioca. Llegó la noche, pero Ogaloussa aún no había regresado.
12 nov 2012
El criado del rico mercader
Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader.
Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.
– Amo – le dijo – déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
– Pero ¿por qué quieres huir?
– Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.
– Amo – le dijo – déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
– Pero ¿por qué quieres huir?
– Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.
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