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27 mar 2015

Si no puedes...

Si no puedes ser pino en lo alto de una colina,
sé arbusto en el fondo del valle,
pero sé el mejor arbusto al margen del regato.

Sé rama si no puedes ser árbol,
y si no puedes ser rama sé un poco de césped
dando alegría a algún paisaje...

Si no puedes ser avellano, sé un gran tilo,
¡pero el tilo más vivo del mundo!

No todos podemos ser Capitanes, ni Jefes...
tenemos que ser Tripulación.

Hay algo especial para cada uno.

Si no puedes ser carretera, sé sendero.
Si no eres Seisenero, sé Tesorero.
Si no puedes ser Piloto, sé Periodista.

SE LO MEJOR PARA LOS DEMAS


Adaptado de Douglas Malloch
(Cuaderno del campamento de
Arauzo de Miel 1986
del Grupo Scout Águila)

19 sept 2014

El lápiz

En un momento dado, le preguntó:

- ¿Abuelo, estás escribiendo una historia que nos pasa a los dos? ¿Es, por casualidad, una historia sobre mí­?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y le dijo al nieto:

- Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras, es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.

El nieto miró el lápiz intrigado, y no vio nada de especial en él, y preguntó:

- ¿Qué tiene de particular ese lápiz?

El abuelo le respondió:

- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo:

Primera cualidad:
Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esta mano la llamamos Dios, y siempre te conducirá en dirección a su voluntad.

29 jun 2014

El temido enemigo


Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo. Él necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como la madrastra de Blancanieves no tenía bastante con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntar si él era el más poderoso del reino. Invariablemente, todos le decían lo mismo:

— Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee. Él conoce el futuro. En aquella época, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran llamados genéricamente “magos”.

El rey estaba muy celoso del mago del reino, pues éste no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además el pueblo lo amaba, lo admiraba y festejaba que existiera y que viviera allí. No decían lo mismo del rey. Quizá porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: organizaría una gran fiesta a la que invitaría al mago. Después de la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y, delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. Entonces le pediría que dijera en qué fecha moriría el mago del reino. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. El rey tenía planeado sacar su espada y matarlo en ese mismo momento. Así conseguiría dos cosas de un golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se habría equivocado en su predicción. En una sola noche se acabarían el mago y el mito de sus poderes...

Los preparativos se iniciaron en seguida y muy pronto llegó el día del festejo. Después de una gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y se dirigió a él:

— ¿Es cierto que puedes leer el futuro?

— Un poco — dijo el mago.

14 nov 2012

El mendigo

Se acercaba mi cumpleaños y quería este año pedir un deseo especial al apagar las velas de la tarta.

Caminando por el parque me senté al lado de un mendigo que estaba sentado en uno de los bancos, el más retirado, viendo dos palomas revolotear cerca del estanque. Me pareció curioso ver a un hombre de aspecto abandonado, mirar las avecillas con una sonrisa en la cara que parecía eterna. Me acerqué a él con la intención de preguntarle por qué estaba tan feliz.

Quise también sentirme afortunado al conversar con él para sentirme más orgulloso de mis bienes, por que yo era un hombre al que no le faltaba nada, tenía mi trabajo que me producía mucho dinero, claro ¿como no iba a producírmelo trabajando tanto?, tenía mis hijos a los cuales gracias a mi esfuerzo tampoco les faltaba nada y tenían los juguetes que quisiesen tener. En fin gracias a mis interminables horas de trabajo no les faltaba nada a mi familia. Me acerqué entonces al hombre y le pregunte:

"Caballero, ¿que pediría usted como deseo en su cumpleaños?"