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13 abr 2015

Utopía


Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.

Eduardo Galeano




1 abr 2015

Sueño

Una vez en el lugar más hermoso del universo vivía un niño llamado SUEÑO, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.

Sueño se lo pasaba CHACHI PIRULI por allá en lo alto, por las nubes, jugando y jugando todo el día.

Una vez Sueño se dio cuenta que él no crecía como crecían sus amigos, además empezó a sentirse muy débil y poco a poco perdió sus ganas de jugar.

Un gran día, llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial que contenía alimentos para así fortalecer y hacer crecer a Sueño.

Desde el mismo instante en que llegó aquel mensajero, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día el mensajero lo alimentaba con estos manjares: Muchos caldos de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos zumos hechos con decisión y lo más importante sirviéndolo todo con mucha confianza.

Sueño creció y creció, y dejó de ser Sueño para convertirse en META y, claro que siguió jugando pero ya no por las nubes, sino en la tierra, conoció otros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción,...

Y un día, no muy lejano, Meta dejó de ser Meta y se transformó en REALIDAD...



Descarga el audio de este cuento AQUÍ (botón derecho "Guardar como...")
(editados por José Carlos Bermejo en sus libros sobre cuentos)

24 jul 2014

Crecer

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid.
Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresia, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:

— ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

— No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o podes marchitarte en tu propia condena...

Jorge Bucay

29 jun 2014

El temido enemigo


Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo. Él necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como la madrastra de Blancanieves no tenía bastante con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntar si él era el más poderoso del reino. Invariablemente, todos le decían lo mismo:

— Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee. Él conoce el futuro. En aquella época, alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran llamados genéricamente “magos”.

El rey estaba muy celoso del mago del reino, pues éste no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además el pueblo lo amaba, lo admiraba y festejaba que existiera y que viviera allí. No decían lo mismo del rey. Quizá porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: organizaría una gran fiesta a la que invitaría al mago. Después de la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y, delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. Entonces le pediría que dijera en qué fecha moriría el mago del reino. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. El rey tenía planeado sacar su espada y matarlo en ese mismo momento. Así conseguiría dos cosas de un golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se habría equivocado en su predicción. En una sola noche se acabarían el mago y el mito de sus poderes...

Los preparativos se iniciaron en seguida y muy pronto llegó el día del festejo. Después de una gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y se dirigió a él:

— ¿Es cierto que puedes leer el futuro?

— Un poco — dijo el mago.

4 may 2014

Los tres santos reidores

Me han contado sobre tres místicos hindúes. Nadie conoce sus nombres. Se los conocía sólo como Los Tres Santos Reidores, porque nunca hacían ninguna otra cosa, solamente reían.

Solían ir de una ciudad a otra, pararse en el mercado y largarse una buena carcajada visceral. Estas tres personas eran realmente hermosas, riendo y con sus vientres agitándose. Era como un contagio, todo el mercado comenzaba a reír... Durante unos pocos segundos un nuevo mundo se abría.

14 feb 2014

El gran pan

En una ciudad vivía un panadero que poseía un gran horno. Era el único panadero de la ciudad, y el horno era como un edificio de grande.

Una tarde, el panadero reunió todas sus existencias. Sacó del almacén sacos de harina y cogió agua, levadura y sal. Preparó la masa en una artesa en la que cabrían veinte personas. Se metió dentro, y la masa le llegaba hasta los hombros. El panadero amasaba con los pies y con las manos. Después esparció harina e hizo una montaña con la masa. Y la bola crecía y crecía.

El panadero llevó la leña en un carro. Construyó una valla alrededor de la bola y le prendió fuego. El calor era tal que los vecinos empezaron a sudar en la cama. Cuando llegó la mañana, el fuego se había apagado. El pan estaba hecho.

Está bien”, se dijo el panadero a sí mismo y al pan. Ató cuerdas alrededor del pan y enganchó el caballo. Luego se subió a la silla de montar y salió del horno a caballo. Salió por la puerta de su casa arrastrando el pan.

20 nov 2013

¿Cuánto vale tu tiempo?

La noche había caído ya; sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá.

Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta. El niño se incorporó como impulsado por un resorte y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:

— Papá ¿cuánto ganas por hora?... — dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue tan tajante en su respuesta:

— Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vete a dormir que ya es tarde.

— Si papa, pero por favor solo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? reiteró suplicante el niño.

16 nov 2013

Aquí en la charca somos muchos

Aquí en la charca somos muchos. Está Juan, está Inés, está Antonio, está Luisa, está Carmen,... Somos una gran comunidad de ranas.

Hace poco se casaron Esteban, una rana gorda de colores muy vivos, y Alba, la que vive un par de juncos más allá y con la que cenamos una vez al mes.

La verdad es que con la boda tuvieron muchos problemas. Pero no porque no se quisieran, o porque estuvieran inseguros, o porque no encontrasen un buen traje de novia; no. Todo comenzó cuando se pusieron a decidir a quién invitaban para el banquete.

Alba empezó eliminando a las ranas que hacían mucho ruido al comer:

“Sí, claro – decía indignada -, menuda guarrada. Imagínate, al tío Tomás, la Antoñeta y la Petra dale que te pego, eructando y sorbiendo la sopa de mosquito frito como si estuviéramos en un concierto.”

“Uf – añadió Esteban -. Pues mira que si se pone luego Andrés a contarnos batallitas... Y como se junte con el abuelo Eugenio, pues ya ni te cuento, que son unos pesados de cuidado...”

24 oct 2013

El ratón de biblioteca


Un viejo ratón de biblioteca fue a visitar a sus primos que vivían en un solar y sabían muy poco del mundo.

— Vosotros sabéis muy poco del mundo — les decía a sus tímidos parientes —. Y probablemente ni siquiera sabéis leer.

— ¡¡¡ Oooohhhh !!!, ¡Cuántas cosas sabes! — suspiraban aquellos.

— Por ejemplo: ¿Os habéis comido alguna vez un gato?

— ¡¡¡ Oooohhhh !!!, ¡Cuántas cosas sabes! Aquí son los gatos los que se comen a los ratones.

— ¡Ja! Porque sois unos ignorantes. Yo he comido más de uno y os aseguro que no dijeron ni siquiera ¡Ay!

— ¿Y a qué sabían?

— A papel y a tinta en mi opinión. Pero eso no es nada. ¿Os habéis comido alguna vez un perro? Por favor. Pues yo me comí uno ayer precisamente, un perro lobo, tenía unos colmillos..., pues bien, se dejó comer muy quietecito y ni siquiera dijo ¡Ay!

— ¿Y a qué sabía?

— A papel, a papel. Y un rinoceronte. ¿Os lo habéis comido alguna vez?

17 oct 2013

Un largo desfile

Imagina un mundo en el que la talla de cada uno es proporcional a sus ingresos. Supongamos que tú ganas algo más que la media en un estado rico; esto te daría una estatura de 1,73 m.

Hoy es un día especial. Eres el comentarista de un gigantesco desfile de la totalidad de los habitantes del planeta. El desfile está organizado de forma que todos habrán pasado por delante de ti en UNA HORA. El desfile acaba de comenzar; todos han empezado a moverse. Ahora te toca a ti hacer los comentarios.

"Pero, ¿realmente ha comenzado? Sigo sin ver nada, perdón, sí. Parece increíble, miles y miles de seres más pequeños que hormigas, que resbalan por encima de mis pies, no puedo distinguir que son.

5 oct 2013

La magia


Estaba cansado de mirar por la tele y ver un montón de cosas a mi alrededor que no me gustaban. Eran motivo de conversación en muchas ocasiones, me quejaba del mundo, pero me sentía cómodo sentado en el sillón, sin hacer nada.

Aquel verano me di cuenta de que necesitaba algo distinto, hacer algo que no fuera lo de siempre. Quería irme lejos. Así que decidí viajar a Brasilia, capital de Brasil.

Cuando llegué, me dirigí hacia uno de los barrios periféricos de Brasilia. Me detuve a descansar, me senté en el bordillo a la sombra de un gigantesco árbol, aproveché para mirar y contemplar lo que me rodeaba.

De repente apareció en escena un pequeño perro callejero, con el rostro triste y el rabo entre las patas. Atravesó la calle y se paró al llegar a la sombra. Me observaba desde una distancia prudente mientras se rascaba las pulgas. Le silbe y le hice un gesto para que se acercara, pero permanecía igual, quieto parado, por más que lo llamaba el perro no reaccionaba.

Al caer la tarde, se llenó aquel lugar de niños. Niños que vivían en la calle. Se encontraban tristes. Sus rostros reflejaban temor, sabían bien que significaba el poder del miedo. También conocían el egoísmo. Lo contemplaban a diario y lo sufrían en su corazón y en su estómago. Sus miradas esperaban que alguien, quien fuese, les dijera: “Venid, esto no es más que una pesadilla”, y les ofreciera un mundo un poquito mejor.

De pronto apareció un niño pequeño, menudo, de unos siete años aproximadamente, se acercó y se sentó a mi lado, me miró y me preguntó: "¿Quieres que haga magia?"

2 oct 2013

El país sin punta


Juanito Pierdedía era un gran viajero. Viaja que te viaja, llegó una vez a un pueblo en que las esquinas de las casas eran redondas y los techos no terminaban en punta, sino en una suave curva.

A lo largo de la calle corría un seto de rosas, y a Juanito se le ocurrió ponerse una en el ojal. Mientras cortaba la rosa estaba muy atento para no pincharse con las espinas, pero enseguida se dio cuenta de que las espinas no pinchaban; no tenían punta y parecían de goma, y hacían cosquillas en la mano. "Vaya, vaya", dijo Juanito en voz alta.

De detrás del seto apareció sonriente un guardia municipal. "¿No sabe que está prohibido cortar rosas?"

"Lo siento, no había pensado en ello."

"Entonces pagará sólo media multa", dijo el guardia, que con aquella sonrisa bien habría podido ser el hombrecillo de mantequilla que condujo a Pinocho al País de los Tontos.

29 sept 2013

¡Ánimo!


Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.

Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le dijeron: "nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos". La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.


UNA PALABRA TIENE EL PODER DE SALVAR O HUNDIR UNA VIDA...
¡CUIDÉMONOS!

6 sept 2013

Útiles y herramientas


Cuentan que existió una vez una carpintería en la que las herramientas celebraron una reunión para arreglar sus diferencias.

Al principio de tan extraña asamblea el martillo ejerció la presidencia, pero pronto, los restantes miembros, le notificaron que tenía que renunciar porque hacía demasiado ruido con sus golpes.

El martillo admitió la acusación pero no aceptó que tomara la presidencia el tornillo porque les haría dar demasiadas vueltas y la reunión resultaría muy aburrida.

El tornillo y todo tipo de tuercas se dieron por aludidas pero objetaron que tampoco permitirían que la lija capitanease la reunión porque crearía excesivas fricciones con su usuales asperezas en el trato.

5 ago 2013

Los nadies


Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte.

2 jul 2013

Los clavos

Esta es la historia de un niño que tenía muy mal carácter. Frecuentemente se enfadaba con sus amigos, les gritaba y les insultaba duramente.

Un día, su abuelo le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara, debería clavar un clavo detrás de la puerta de su habitación.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. El segundo día 33 clavos. Y así, cada día el número de clavos era menor.  Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar tantos clavos detrás de la puerta. A medida que él aprendía a controlar su enfados, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Dejó de clavar clavos y fue a informar a su abuelo.

22 jun 2013

Todoelmundo y compañía


Esto es una historia sobre cuatro personas llamadas: Todoelmundo, Alguno, Cualquiera y Nadie.

Había que hacer un trabajo importante y Todoelmundo estaba seguro de que Alguno lo haría.

Cualquiera podía haberlo hecho, pero Nadie lo hizo.

Alguno se enfadó por ello, puesto que el trabajo era de Todoelmundo.

Todoelmundo pensó que Cualquiera podía hacerlo, pero Nadie se dio cuenta de que Todoelmundo no lo haría.

El asunto terminó en que Todoelmundo culpó a Alguno cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podía haber hecho.


14 feb 2013

El Amor y la Locura


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos de los hombres.

Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por 3ª vez,
la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:
— ¿Jugamos al escondite?

La INTRIGA levantó la ceja intrigada y...
La CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó:
—¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?

13 ene 2013

Una violeta en el Polo Norte


Una mañana, el oso blanco del Polo Norte olfateó en el aire un olor insólito y se lo hizo notar a la osa mayor, la menor era su hija.

— ¿Habrá llegado alguna expedición?

Pero en cambio fueron los ositos quienes encontraron una violeta. Era una pequeña violeta de color violeta y temblaba de frío, más continuaba perfumando al aire animosamente, porque este era su deber.

— Mamá, papá — gritaron los ositos.

— Ya dije yo enseguida que aquí había algo raro — hizo observar inmediatamente el oso blanco a su familia —. Y según me parece no es un pez.

— Seguro que no — dijo la osa mayor —. Pero tampoco es un pájaro.

— También tú tienes razón — dijo el oso después de haberlo pensado un buen rato.

Antes del atardecer, la noticia se había difundido por todo el Polo. Un pequeño y extraño ser perfumado, de color violeta, había aparecido en el desierto de hielo. Se sostenía sobre una sola pierna y no se movía.

Llegaron focas y morsas para ver la violeta, de Siberia llegaron los renos, de América los almizcleros y de más lejos todavía: zorras blancas, lobos y urracas marinas. Todos admiraban a la flor desconocida, su tallo tembloroso. Todos aspiraban su perfume, pero siempre quedaba el suficiente para quienes llegaban los últimos a oler. Siempre quedaba el mismo que antes.

— Para despedir tanto perfume — dijo una foca — debe tener una reserva bajo el hielo.

— Eso es lo que yo dije enseguida — exclamó el oso blanco —. Dije que había algo debajo.

No había dicho eso exactamente, pero ya nadie se acordaba de ello.

Una gaviota que había sido mandada del Sur en busca de información, regresó con la noticia de que el pequeño ser perfumado se llamaba violeta, y en algunos países de por allá, las había a millones.

— Sabemos lo mismo que antes — observó la foca. — ¿Cómo ha llegado hasta aquí precisamente esta violeta? Os diré lo que pienso, estoy bastante perpleja.

— ¿Cómo ha dicho que está? — preguntó el oso blanco a su mujer.

— Perpleja, es decir, que no sabe a qué atenerse.

Eso — exclamó el oso blanco —, exactamente es lo que me sucede a mí.

Aquella noche un terrible temblor recorrió todo el Polo, los hielos eternos temblaban como cristales y se resquebrajaron por varias partes. La violeta despidió un perfume más intenso, como si hubiera decidido derretir de golpe el inmenso desierto helado, para transformarlo en un más azul y caliente o en un prado de terciopelo verde. El esfuerzo la agotó. Al amanecer la vieron marchitarse, doblarse sobre su tallo, perder el color y la vida.

Traducido a nuestras palabras y a nuestro idioma, su último pensamiento debió ser más o menos este:

“Sí, me estoy muriendo, pero era necesario que alguien empezase, un día las violetas llegarán hasta aquí a millones, los hielos se derretirán y aquí habrá islas, casas y niños”.
Gianni Rodari
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Gélido piano


Al concluir su hermoso concierto de piano, una espectadora se le acercó elogiándole.

— ¡¡ Qué maravilla !! Daría media vida por tocar el piano como lo hace usted.

Y el pianista le contestó:

— Señora, y qué cree que he hecho yo.