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14 mar 2015

En SILENCIO nadie se entiende

Marcos siempre había sido un niño muy curioso. Ya desde pequeño, lo que más le gustaba era bajar a la calle a explorar. Podía pasarse horas y horas recorriendo todos los rincones de su pequeño pueblo, y lo más divertido era que siempre descubría algún detalle nuevo que no había visto antes.

La historia que quiero contarte sucedió una tarde de primavera. Y bueno, la verdad es que Marcos no estaba haciendo nada especial esa tarde. Al fin y al cabo era un niño de diez años bastante normal; tampoco es que estuviera viviendo aventuras interesantes a todas horas… eso sólo pasaba en los videojuegos.

Esa tarde de primavera, Marcos estaba en su habitación haciendo deberes de matemáticas. Estaba muy concentrado: ¡Cuarto de primaria ya no era ninguna tontería!

Frente a su escritorio había una ventana que daba a la calle; desde allí podía ver a la gente y a los coches pasar. Justo cuando levantó la mirada para repasar mentalmente la tabla del 8, vio algo que le llamó tanto la atención que le sacó completamente de sus pensamientos…

Se quedó mirando fijamente lo que le había sorprendido al otro lado de la ventana: era una niña de su edad, sentada en el bordillo de la acera, con una bicicleta morada apoyada a su lado. Estaba sola, con la mirada perdida, como pensativa. A Marcos le extrañó muchísimo no haberla visto nunca antes, ya que vivía en pueblo muy pequeño y conocía a todos los niños de su edad, por lo menos de vista.

¿Qué hacía allí esa niña sola? Marcos no pudo resistir su curiosidad, y decidió bajar a la calle a hablar con ella.

1 nov 2012

Una historia de camellos

El viejo pastor sabía que se moría. toda su fortuna consistía en diecisiete camellos, que había ido llevando de pradera en pradera a pastar, y que también habíaalquilado a los conductores de caravanas, por una temporada. desde que se quedó viudo, hacía mucho tiempo, vivía en su tienda con sus tres hijos: Hussein, Hassan y Hassin.

¿Qué sería de ellos?, ésta era su preocupación. Sabía que sus hijos, aunque buenos muchachos y trabajadores, eran muy peleones.

Una tarde, cuando caía la noche, el viejo reunió a sus tres hijos en la entrada de la tienda y les dijo, mientras sorbía té con menta.